Taller Visualización Creativa

 

 


Taller Visualización Creativa

A la hora de realizar cualquier tarea de visualización, resolver problemas, relajarse y todo aquello que tenga que ver con la utilización de la mente, es preciso tener presentes cuatro factores sin los cuales todo el trabajo que realicemos puede resultar inútil. Dichos factores son los siguientes:

• CREENCIA. Es muy importante creer en el resultado satisfactorio de lo que nos proponemos. No se puede tener una actitud indiferente, porque esto daría la pauta a nuestro cerebro de que no estamos realmente interesados, o que lo que estamos haciendo carece de importancia. Cuanto más poderosa sea la creencia, más fuertemente se van a imprimir en el cerebro nuestros objetivos. (Por ejemplo: la famosa frase de “la fe mueve montañas”)

• DESEO. El cerebro no se activa sin la intervención del deseo, puesto que sólo intentamos lograr aquello que deseamos. Si el deseo no es muy grande o no es real, la motivación para intentar conseguir nuestros objetivos y el trabajo que haya que hacer para ello irán decayendo progresivamente hasta desaparecer.

• EXPECTACIÓN. Es la confianza que se tiene de recibir una cosa. Asumir que el objetivo se va a materializar como se concibió. Va más allá de la creencia, pues encierra una fe en los resultados. Confía en la realización de los hechos dentro de lo factible. Se podría comparar la expectación con una relación de causa – efecto: por ejemplo, el hecho de enchufar una lámpara no nos deja ninguna duda de que la luz se va a encender cuando accionemos el interruptor. Es una consecuencia lógica (expectación).

• PENSAMIENTO POSITIVO. Es el factor más importante de todos y el que está implícito en los tres anteriores. A pesar de ser el más importante, es el que menos utilizamos actualmente. Sólo hay que detenerse a pensar cuantas veces al día pronunciamos frases del estilo: “Hoy no es mi día, nada me sale bien”, “Hay que ver con que cara más horrorosa me he levantado hoy” “No voy a poder hacer X” “ Soy un desastre”, ”Esto va a fracasar”, etc. Todos estos pensamientos no nos ayudan en nada a nosotros ni a los que nos rodean, que también son víctimas de ellos. Para lo único que sirven es para producirnos enfado, desesperación, sensación de fracaso, etc. Si además tenemos en cuenta que actuamos como pensamos, no nos atreveremos a enfrentarnos a nada nuevo si estamos convencidos del fracaso, no haremos nada a gusto, y estaremos todo el día amargados porque no creemos en nuestras posibilidades. Las “etiquetas” que nos auto imponemos, nos las acabamos creyendo y marcan nuestro modo de ser y actuar. El pensamiento positivo no significa ser un idealista y pensar que todo es maravilloso y que podemos hacer cualquier cosa. Significa tener conciencia de nuestras limitaciones sin por ello impedirnos intentar conseguir cosas que a priori parecen difíciles. Si no se consiguen nuestros propósitos no ocurre nada malo, sólo es cuestión de volverlo a intentar. La diferencia que hay entre un triunfador y un perdedor, es que el triunfador pierde muchas más veces que el perdedor. Un triunfador concibe un proyecto e intenta realizarlo; si fracasa decide que la próxima vez lo intentará de una manera diferente y así hasta que lo consiga, pero un perdedor no suele intentar la realización de su proyecto más que si está seguro de ganar. Si fracasa por razones de percepción o evaluación, decide que no intentará conseguirlo nunca más y se quedará con su fracaso, que le creará un fuerte sentimiento de impotencia

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